El crochet como espacio de calma y conexión interior – Historia de Natalia

Mi primer recuerdo relacionado con el tejido es a los cinco o seis años, mi madre tejiendo un jersey de Snoopy para mi hermano. Con el tiempo entendí que tejer no solo era crear con lana, sino también una forma de encontrar calma y ordenar lo que llevamos dentro. 

Era precioso y yo no podía creer que ese dibujo tan bonito hubiera sido hecho con lana. Cada vez que la veía tejer me quedaba mirándola hasta que un día le pedí que me enseñara. Me dio un par de palillos para tejer y un trocito de lana, y me enseñó el punto derecho y el revés. Podía pasarme tardes enteras practicando. 

Empecé tan pequeña que muchos recuerdos están difusos. Tengo flashes, momentos sueltos, cosas que se quedaron grabadas y otras que se perdieron con el tiempo. Aun así, hay algo que siempre se mantuvo: las ganas de aprender. Me encanta seguir descubriendo cosas nuevas, nuevas técnicas, aprender por el simple hecho de hacerlo. 

Durante mi adolescencia y juventud dejé de lado esta labor, pero cuando entré en la adultez y comencé a trabajar sentí de nuevo la necesidad de hacer algo con mis manos. Algo que no fuera solo el trabajo. Algo que me permitiera crear y mantener mi mente apartada de las preocupaciones del día a día. Comencé tejiendo una mantita y ahí es cuando apareció el crochet. No lo había hecho nunca, pero sí había visto a mi mamá hacerlo y siempre me decía que era más fácil. Busqué un tutorial en YouTube y comencé mi primera manta en granny square. El crochet me enamoró desde el primer momento y desde ahí no lo he soltado, ni él a mí. 

Cuando estoy tejiendo entro en un estado de conexión y de calma, como si todo se ordenara por dentro. Como si el tejido me ayudara a pasar de un estado más caótico, más desordenado mentalmente, a otro más centrado. No lo vivo como una obsesión, sino como una forma de canalizar, de recolocar algo que por dentro a veces está revuelto. 

El tejido tiene un ritmo propio, incluso me atrevería a decir que tiene musicalidad. Observar cómo de algo que al principio es solo hilo va apareciendo algo nuevo resulta cautivador. La mente está totalmente presente en ese momento y lo que te rodea deja de ser ruidoso, deja de ser importante. Estás ahí, simplemente haciendo algo para ti. 

Para mí siempre ha sido importante tener ese espacio personal, ese momento a solas conmigo para relajarme y gestionar la carga mental. Aunque haya pasado por distintas etapas y cambios en la vida, siempre he encontrado ese ratito. El crochet ha sido eso: mi momento. Un momento de pausa. De estar conmigo. De bajar el ruido. De relajarme de verdad. 

Con el paso del tiempo, el crochet se ha transformado en una parte muy importante de mi vida y de mi identidad. Me ayuda mucho a nivel emocional. Tener proyectos, tener algo en lo que volcarme, es importante para mí. Crear algo con tus propias manos es profundamente terapéutico. 

Encuentro inspiración en otras creadoras y artesanas, en la gente que quiero y en mí misma. Espero en un futuro poder expandir aún más mi creatividad y crear prendas a partir de mi imaginación. Eso es lo bonito del crochet: es un círculo virtuoso. Siempre estás mejorando. Cada prenda, cada error, cada desarmado, cada nuevo intento es crecimiento y aprendizaje, alimento para la creatividad, la imaginación y la sensibilidad hacia la belleza. 

Natalia Figueroa Ruiz

Instagram: @puntochasquilla 

Tiktok: @chasquilla.figueroa 

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