El crochet como terapia: la historia de Brunilde y su prescripción médica

Me gusta tejer. 

Me calma cuando tengo alguna preocupación en el alma. 

Hubo un tiempo en que mi vida se oscureció. 

Entré en una depresión muy profunda. 
Fue tan fuerte que tuvieron que ingresarme en un hospital. 

Lloré durante días. 
Hasta que me sedaron clínicamente. 

Cuando salí de esa crisis, empecé a acudir a control médico. 

En una de las últimas consultas, el doctor me hizo una pregunta inesperada: 

—¿Sabes tejer? 

Le respondí que no. 

Entonces me dijo: 

—Para la próxima cita, trae una aguja de crochet y un hilo. 

Me hizo la prescripción. 
Y me dio fecha para volver. 

Yo obedecí. 

Llegué a la consulta con la aguja y el hilo en el bolso. 

Después de preguntarme cómo me sentía, me dijo: 

—¿Trajiste lo que te pedí? 

Lo puse sobre su escritorio. 

Me miró y me dijo algo que no he olvidado nunca: 

—Tejer es sencillo. 
Y desde hoy, va a ser tu terapia. 

Cada vez que sientas miedo: crea. 
Cuando tengas angustia: crea. 
Cuando sientas que el mundo se acaba: crea. 

Con un hilo y una aguja se puede hacer de todo. 

Ese día me enseñó los puntos básicos. 

Y añadió: 

—La próxima vez que vengas, tráeme algo hecho con tus manos. 

Así lo hice. 
Le llevé un pequeño tapete, de unos 20 por 20 centímetros. 

Después de eso, me dio el alta. 

Y yo no dejé de crear. 

Me llamo Brunilde Quinal. 
Nací en Venezuela. 
Ahora vivo en Chile. 

Y el crochet no fue solo un pasatiempo. 

Fue mi terapia. 
Fue mi punto de regreso. 

Brunilde Josefina Quinal Pérez

Intagram – Facebook – TikTok: @brunildequinal

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