Del libro olvidado al primer profesorado oficial de tejido en Argentina

Tengo 43 años.
Y empecé a tejer a los siete.

En mi casa nadie tejía.
Somos ocho hermanos.
Mis padres eran jornaleros.
Mi madre no sabía leer ni escribir,
pero tenía una inteligencia práctica inmensa.

Siempre se las arreglaba para que no nos faltara lo esencial.
Vendía cosmética por catálogo.
Hacía lo que hiciera falta.

Un día, una clienta le encargó un pequeño libro de tejido.
Venía con una aguja de crochet
y un ovillo de hilo de unos 50 gramos.

La mujer nunca lo pasó a buscar.
Y el libro quedó en casa, dando vueltas.

Yo era curiosa.
Inquieta.
Eso decía mi abuelo.

Un día lo encontré.
Empecé a mirar las imágenes.
No entendía casi nada de lo que decía el texto,
pero copiaba lo que veía.
Probaba.
Desarmaba.
Volvía a intentar.

Así empezó todo.

Primero el crochet.
Después las dos agujas.
Con el tiempo aprendí distintas técnicas artesanales.

Estudié en una escuela técnica
y me recibí como auxiliar en tejidos artesanales, a mano y a máquina.

El tejido nunca se fue de mi vida.

Soy madre soltera.
Tengo un hijo de 23 años.

Vendí mis trabajos.
Di clases.
Durante muchos años fue un sustento económico real.

Pero también fue otra cosa.

Fue terapia.
Fue compañía.
Fue motivación cuando las cosas no eran fáciles.

En 2024 conocí al director general del Conservatorio Fracassi,
una institución artística con más de cien años de historia en Argentina.

Le propuse algo que llevaba tiempo pensando:

¿Y si el tejido pudiera tener un reconocimiento institucional?
¿Y si dejara de verse solo como hobby?

Trabajamos todo ese año.
Armamos contenidos.
Teoría.
Programas.
Tiempos.
Estructura.

En 2025 se lanzó oficialmente el
Profesorado en Tejidos Artesanales de Punto,
con aval y certificación nacional del Conservatorio.

Soy la primera profesora en esa área dentro de la institución.

El año pasado ya rindieron las primeras alumnas.

A veces pienso en aquella niña de siete años
mirando un libro que nadie quiso recoger.

Nunca imaginé que ese libro
abriría un camino tan largo.

Para mí, el tejido es como la vida.

Siempre hay una nueva oportunidad.
Se puede desarmar.
Se puede volver a empezar.

Las veces que haga falta.

Norma Alicia Lucero

Instagram y TikTok: @noralilucero

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