Mi madre nació en 1922.
Era la mayor de los hermanos.
Vivían en el campo.
Le tocaba ayudar en todo.
La casa.
Los hermanos.
El campo.
Tiempo para ella había muy poco.
Un día estaba lavando en la acequia que pasaba por delante de su casa.
De pronto vio algo blanco que venía con la corriente.
Era un pequeño tapete.
No sabía qué era aquello.
Nunca había visto algo así.
Dice que casi se cae al agua para cogerlo.
La acequia llevaba bastante corriente.
Pero lo agarró.
Lo miró.
Lo tocó.
Y se lo llevó a su madre.
—Yo quiero hacer esto.
Su madre le dijo:
—Eso es ganchillo.
Pero tú no sabes hacerlo.
—Da igual.
Cómprame un gancho.
Cuando su madre fue al pueblo más cercano
le compró uno.
También algo de hilo.
Pero nadie podía enseñarle.
Así que hizo algo muy sencillo.
Deshizo el tapete.
Punto a punto.
Mientras lo deshacía
miraba cómo estaba hecho.
Y lo intentaba repetir.
Así aprendió.
Sola.
Deshaciendo un tapete que un día apareció flotando en una acequia.
A veces pienso en la persona que lo hizo.
A quien se le caería aquel tapete.
Quizá nunca imaginó
que aquel pequeño descuido
iba a cambiar una vida.
Con los años mi madre se casó.
Tuvo siete hijos.
La vida siguió siendo dura
y apenas tenía tiempo para tejer.
Todo cambió cuando tenía 45 años.
Mi padre falleció
y ella se quedó viuda.
Se vino a vivir a Elche con los hijos.
Por las tardes
y por las noches
empezó a tener algo de tiempo.
Y volvió al ganchillo.
Tejía para pasar las horas.
Colchas.
Tapetes.
Tapetes de sofá.
El ganchillo siempre estaba cerca.
Años después llegó el Alzheimer.
Y aun así
siguió tejiendo.
Nosotros siempre estábamos cerca de ella.
Cuando se equivocaba
sin que se diera cuenta
deshacíamos un poco la labor.
Y ella continuaba.
Durante muchos años
siguió haciendo ganchillo con Alzheimer.
Siempre hacía el mismo tapete.
Era el que recordaba.
Nosotros cambiábamos los colores del hilo.
Pero ella seguía.
Punto tras punto.
Una y otra vez.
Cumplió 100 años en 2022.
Y todavía tenía entre las manos
su ganchillo
y sus tapetes.
Falleció en marzo de 2023.
Dejó muchos tapetes.
Pero sobre todo dejó algo más.
La historia de una niña
que un día vio un tapete flotando en el agua
y decidió aprender a hacerlo.
Hija, nietas y biznietas continúan tejiendo.
Encarna Rodríguez Martínez
