Tejer como revolución: independencia, maternidad y resistencia silenciosa

Tejer, para mí, siempre ha sido una revolución.

Una revolución íntima.
Contra el consumismo.
Contra la dependencia.
Contra el miedo.

Empecé cuando iba a nacer mi primera hija.

Vivía en el norte de Italia, en medio de los Alpes.
Estaba sola.
Dependía económicamente de mi marido.
Y apenas me daba dinero.

Sentía miedo.
Miedo de ser madre en un lugar frío.
Miedo de no poder protegerla.

Así que empecé a tejer.

Le tejí leotardos para que no pasara frío.
Le tejí ropa.
Le tejí abrigo.
Después llegó otro hijo.
Y seguí tejiendo.

Al principio era supervivencia.
Después se convirtió en algo más.

Tejía para mis hijos,
pero también para otros.

Regalaba prendas como quien regala protección.
Calor.
Seguridad.
Una forma de amor que no siempre sabía explicar con palabras.

Yo estaba muy sola.
Y, muchas veces, era yo quien necesitaba ayuda.

Pero encontré una manera de sostenerme.

Instalé en casa una pequeña guardería.
Estudié embarazada para poder hacerlo.
Me formé como educadora infantil, en un proyecto más cercano a Montessori que a la educación tradicional.

Cuidar a otros niños me permitió no salir de casa.
No separarme de los míos.
Criarlos desde una presencia constante.

Ahí desarrollé muchas de las capacidades que hoy tengo.
Las que me han servido para educar a mis hijos.
Y para educarme a mí misma.

El tejido siempre fue mi lugar seguro.

Con el tiempo descubrí algo que me emocionó.

¿Sabías que en la bandera de la India aparece una rueca?
Mahatma Gandhi tejía cada día.
Impulsó el hilado como resistencia frente a la industrialización impuesta por el imperio británico.

Cuando supe eso, sentí una alegría profunda.

Yo no lo sabía cuando empecé.
Pero entendí que, sin nombrarlo, también estaba haciendo mi pequeña revolución.

Llevo 25 años tejiendo.

Trabajo en ello un mínimo de ocho horas casi todos los días.
Es raro verme haciendo otra cosa.
Y si viajo, casi siempre hay lana de por medio.

El tejido me ha enseñado a comprender muchos estados de la mente.
Me ha dado independencia.
Propósito.
Identidad.

Puedo decir que me ha ayudado a convertirme en la persona que quería ser.

Y eso, para mí, lo cambia todo.

Motoko

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