Tejer con las manos para estar mejor – Silvia

Vivimos en una cultura de la inmediatez. 
Todo tiene que ser rápido, ahora, ya. 
Y yo, en cambio, quiero algo hecho con mis manos. 

Algo que he hecho yo en un momento de reflexión, 
o de angustia, 
o de preocupación. 
A veces también simplemente en un momento de entretenimiento. 

Para mí no es solo hacer una bufanda. 
Tejer me sirve como una especie de terapia. 
Pero no una terapia grandilocuente ni formal. 
Es una terapia sencilla, cotidiana. 

Una terapia para estar aquí, en mi casa, tranquilamente. 
Para decir: hoy no me apetece salir, ¿qué hago? 
Pues me pongo a tejer. 

En mi caso no es crochet, porque no se me da muy bien… 
pero he empezado a aprender. 

Porque trabajo la paciencia. 

Porque vuelves a hacer y a deshacer. 
Y eso, para mí, ya es suficiente. 

A mí me gusta hacer las cosas con las manos. 
No sé… es algo que me activa la creatividad. 
Siento que, cuando hago algo manual, el cerebro se pone en otro lugar. 
Empieza a crear, a imaginar. 

Además, creo que también es una forma de hacer las cosas de manera más sostenible. 
Incluso para el planeta. 
Que una persona haga sus propias cosas, 
que cree sus propios modelos, 
sus propios muñecos. 

No solo estás produciendo algo. 
Estás pensando cómo hacerlo. 

Y también sirve como terapia. 
Porque activa la creatividad del cerebro 
y, en un momento dado, puede calmar la ansiedad. 

No es algo complicado. 
Es algo sencillo. 
Pero funciona. 

A tejer aprendí cuando era pequeña, en casa de mi madre. 
La vecina de al lado era una mujer a la que le gustaba mucho tejer, 
y yo era muy amiga de su hija. 

Un día entramos en mi casa y ella estaba allí, 
con la aguja en las manos. 
Le pregunté: ¿qué haces? 
Y me respondió: ¿quieres aprender? 

Le dije que sí. 
Y empecé. 

Mi madre y mi tía también han tejido siempre. 
Se hacían jerseys y otras cosas. 
Pero, en realidad, fue esa mujer la que nos sentaba allí, 
alrededor del brasero, 
y nos enseñaba a tejer. 

Y así empezó todo. 

Más adelante me operaron. 
Me quitaron un ovario y tuve que estar un tiempo en reposo. 

Como no me podía mover, empecé a hacer punto. 
Y recuerdo que le hice bufandas a mis sobrinos, 
y a toda la familia. 

Para mí fue muy importante. 
Me sirvió mucho en ese momento. 

Cuando el cuerpo se para, 
necesitas hacer algo con las manos. 

A mí todo lo que sea crear me encanta. 
Y en aquel tiempo, 
crear fue una forma de estar mejor. 

Silvia.

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