Tejer entre dos países y dos abuelas

Me llamo María de los Ángeles. 
Nací en Rosario, Argentina. 

Siento que mi amor por tejer viene de antes de nacer. 
Quizá de mis abuelas. 

Mi nona Carmen, por parte de mi madre, fue la primera que puso una aguja de ganchillo en mis manos. 
Yo tenía cinco años. 

Con ella tejí mis primeras guindillas rojas para el árbol de Navidad. 
Aún las recuerdo. 
Como si las estuviera viendo ahora mismo. 

Mi otra abuela, la nona Antonia, tejía tapetes con hilo muy fino. 
Era meticulosa. 
Paciente. 
De esas personas que cuidan cada detalle. 

Yo crecí rodeada de hilos. 

Desde pequeña hacía ropa para mis muñecas. 
Vestidos. 
Pantalones. 
Gorros. 
Escarpines. 
Incluso bolsos. 

En aquella época no había móviles ni pantallas. 
El tiempo se llenaba de imaginación. 

En los años noventa apareció otra pasión. 

Una vecina llamada Ema me enseñó el punto de cruz. 
A veces enseñaba con generosidad. 
Otras veces se guardaba los secretos. 

Los patrones venían de Alemania. 

Recuerdo aquellas telas blancas enormes. 
Los diagramas llenos de símbolos. 
Cada símbolo era un color. 

Miles de cuadrados. 
Decenas de hilos diferentes. 

Poco a poco la imagen aparecía. 

Como si una fotografía naciera puntada a puntada. 

Para mí era un refugio. 
Un momento de paz. 
Una forma de olvidarme del mundo. 

En 2001 emigramos a España. 
A Lleida, la tierra donde había nacido mi padre. 

Emigrar no es fácil. 

Dejas tu casa. 
Tus cosas. 
Tus recuerdos. 

Entre ellos, muchos de mis cuadros. 

Pero mientras reconstruía mi vida, volví a bordarlos. 
Uno a uno. 

Y también hice otros nuevos. 

Años después llegó el confinamiento. 

Y con él volvió el ganchillo. 

Fue mi forma de respirar en medio de la incertidumbre. 

Abrí un perfil en Instagram. 

Allí encontré algo inesperado. 

Una comunidad enorme de personas que sienten lo mismo. 
Personas que tejen con calma. 
Con ilusión. 
Con paciencia. 

En un mundo lleno de prisa y presión, tejer sigue siendo mi cable a tierra. 

Mi manera de volver a mí misma. 

Un espacio donde todo se llena de colores. 

De hilos. 

Y de sueños. 

Porque tejer no es solo un pasatiempo. 

Es una forma de expresión. 

De conexión. 

Y de amor por lo hecho a mano. 

Como en toda buena cadena… 

Cada puntada cuenta. 

María de los Ángeles 

Instagram: @creartedeangeles 

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