Cuando no pude tejer más: volver a bordar con la mano izquierda

Cuando era pequeña, en mi casa siempre había manos trabajando. 

Mi madre bordaba a máquina. 
Incluso enseñaba a otras chicas. 

Mi abuela hacía ganchillo. 

En el colegio teníamos asignatura de manualidades. 
Allí empecé una mantelería a punto de cruz que no me dio tiempo a terminar. 

Con unos trece años me interesé por el ganchillo. 
Mi abuela intentó enseñarme. 
No sé si fue ella, que no tuvo paciencia, o yo, que era un poco torpe aprendiendo. 

Después mi madre intentó enseñarme a bordar a máquina. 
Pero ahí fui yo la que no tuvo paciencia. 

Coordinar el pedal con los pies y mover las manos a la vez se me hacía dificilísimo. 
Yo veía a mi madre y parecía tan fácil… 

Desistí. 

Ya de mayor me entraron ganas de retomar cosas pendientes. 
Saqué aquella mantelería del colegio que aún guardaba. 
Y la terminé. 

Ahí empezó todo. 

Seguí con el punto de cruz. 
Hice algún cursillo de cerámica. 
Después de tapiz. 

Todo lo manual me encantaba. 

Cuando mi hija era pequeña le hice cuadros de punto de cruz para su habitación. 
Después llegó el patchwork. 
Más cursillos. 
Más horas cosiendo. 

Y casi sin darme cuenta, empecé también con el ganchillo, un poco por mi cuenta. 

De día cosía. 
Pero por la noche, viendo la tele, coser era más complicado. 
El ganchillo era distinto. 

Podía cogerlo en cualquier momento. 

Me enganchó. 

Empecé a ver tutoriales. 
Descubrí a Yan Schenkel y su colección La banda de Pica Pau. 
Creo que tengo todos sus libros. 

Sus amigurumis son preciosos. 
He hecho muchos. 

Hasta que, hace dos años, todo se paró. 

Empezó con un dolor en el lateral de la espalda. 
Subió al hombro. 
Bajó al brazo derecho. 

Pruebas. 
Traumatología. 
De un médico a otro. 

Llegó un momento en que no podía mover el brazo. 

Después de muchas pruebas decidieron operarme del plexo braquial. 
Habían visto fibrosis, posiblemente relacionada con la radioterapia que recibí hace 27 años, cuando pasé por un cáncer de mama. 

En la biopsia encontraron células cancerígenas. 
Quizás de un pequeño tumor que me retiraron hace tres años. 

Han sido dos años muy duros. 
Dolores insoportables. 
Impotencia. 

Ahora estoy en tratamiento. 
Esperando resultados. 
Esperando saber si podré recuperar la movilidad del brazo. 

Cuando el dolor empezó a estar más controlado, sentí la necesidad de hacer algo. 

Pero ¿qué podía hacer si soy diestra y el brazo derecho es el que está mal? 

Empecé a escribir con la izquierda. 

No es nada fácil. 

Un día, viendo vídeos, descubrí unos bastidores que se sujetan a la mesa y quedan elevados. 
Pensé que quizá podría bordar con una sola mano. 

Y aquí estoy. 

Bordando con la izquierda. 

A veces necesito ayuda para colocar el bastidor. 
Pero estoy bordando. 

Y eso me está ayudando muchísimo. 

Es calma. 
Concentración. 
Paciencia. 
Terapia. 

Ilusión por tener proyectos. 
Por poder hacer algo que me llena. 

Aunque no pueda hacer ganchillo —que es lo que más he hecho— he entendido que cualquier labor manual puede calmar la mente. 

Pienso que si mi madre o mi abuela me vieran ahora… 

Estarían orgullosas. 

De aquella niña impaciente y torpe. 
De todo lo que ha llegado a hacer. 

Les agradezco haber crecido viéndolas trabajar con las manos. 
Quizá si no hubiera sido así, este interés no habría despertado nunca. 

Aun estando como estoy, doy gracias por poder hacer algo. 

Y si algún día recupero la movilidad del brazo… 

Lo primero que haré será ganchillo. 

Es una promesa. 

Teresa Totusaus 

Instagram: @totusaus

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