Entre ovillos y balancines

Me llamo Patrícia. 
Vivo en la provincia de Barcelona. 

Mis primeros recuerdos del mundo textil vienen de mi familia. 

De mi abuela materna. 
La señora Ana. 

Tenía una pequeña tienda de lanas en el pueblo. 
Todo el mundo la conocía. 

Entre ovillos y agujas pasaban muchas horas del día. 
Ella nos tejía bufandas, peucos y jerséis. 

También recuerdo a mis dos abuelas sentadas en su balancín. 
Tejiendo. 

Las agujas subían y bajaban despacio. 
El balancín se movía con un ritmo suave. 

Era un sonido tranquilo. 
Como si el tiempo fuera más lento. 

Aprendí a hacer punto con dos agujas cuando tenía unos diez o doce años. 
Me hice algunos jerséis. 
También alguna chaqueta. 

En casa todas las ventanas tenían visillos blancos de ganchillo. 
Los había tejido mi madre. 

Entonces me parecían cosas de mayores. 
Un poco pasadas de moda. 

Por eso no quise aprender ganchillo. 

Un verano mi madre nos apuntó a clases extraescolares. 
Somos cuatro hermanos. 

Allí aprendí a bordar sobre cañamazo. 
También a hacer tapices de medio punto. 

Mi primer cuadro todavía está en la casa familiar. 

Los fines de semana a veces iba a Barcelona con mis abuelos. 
Mi tía vivía con ellos. 

Recuerdo acompañarla a una tienda muy conocida de telas: Gratacós. 

Entrar allí era como entrar en otro mundo. 

Elegía una tela. 
Después la llevaba a su modista. 

La modista hacía el patrón. 
Y ella cosía el vestido en casa. 

Una vez al año también me hacía un vestido para mí. 
Para estrenar en Pascua. 
O en verano. 

Me sentía muy especial. 

En la adolescencia mi madre decidió que debía aprender a coser. 
En la escuela ya no se enseñaba. 

Una modista del pueblo me dio algunas clases. 

Cosí fundas de almohada. 
Y los bajos de algunos pantalones. 

También aprendí a hacer vainica. 
Aunque nunca llegué a usarla en ninguna tela. 

Hacia los veinte años descubrí el punto de cruz. 

Hice muchos cuadros. 
Casi todos para regalar. 

Para amigas. 
Para familiares. 

Para nacimientos. 
Para cumpleaños. 

Más tarde llegó el patchwork. 

Un mundo lleno de color. 

Desde entonces lo practico desde hace más de treinta años. 

He hecho tapices. 
Edredones. 
Fundas de cojín. 
Manteles individuales. 
Fundas para gafas. 
Y un revistero para el sofá. 

El tapiz de la foto lo cosí a mano durante la pandemia.
Para llenar las horas en casa.

También decidí probar por fin el ganchillo. 

Compré lanas de colores. 

Empecé con el clásico granny square. 
Un patrón sencillo. 

Con ellos hice mi primera manta. 

Después seguí tejiendo cuellos y bufandas para regalar. 

Hace poco he probado otras técnicas. 

Macramé. 
Punto tunecino. 
Amigurumis. 

Me divierte mucho crear formas pequeñas. 

Calabazas. 
Conejitos de Pascua. 

Aún tengo pendiente probar el trapillo. 

Y cualquier técnica que despierte mi curiosidad. 

Sigo con ganas de aprender. 

Y de descubrir nuevas formas de crear con las manos. 

Patricia

Instagram: @delicia_patricia

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