La muñeca que pagó unos estudios en Etiopía

En 2016, en Lalibela, un chico de 16 años se acercó a vender una cruz de madera.

Quería comprarse unas zapatillas.

Se la compraron.

Al terminar el recorrido, el chico seguía allí.
Esperando.

Quería enseñar sus zapatillas nuevas.

Se llamaba Yayo.

Empezaron a hablar.

Contó que estudiaba.
Que para poder hacerlo vendía cruces a turistas
y limpiaba zapatos.

Eso era todo.

Trabajar para poder seguir estudiando.

Después del viaje, siguieron en contacto.

Correos.
Mensajes.

Durante un tiempo, silencio.

Y un día volvió a escribir.

Había tenido que dejar Lalibela.
Volver a su pueblo.
Ayudar a su familia.

Y necesitaba ayuda para poder seguir estudiando.

Ahí es donde cambia todo.

Hasta ese momento, Ana tejía muñecas a ganchillo.

Pequeñas.
Hechas con cuidado.

Pero solo eran eso.

Entonces apareció una idea sencilla:

vender esas muñecas
y destinar ese dinero a Yayo.

Así empezó Soñando Muñecas.

No como una asociación.
No como un proyecto.

Como una respuesta.

Las muñecas empezaron a venderse.

Y con ese dinero, poco a poco,
se empezó a sostener algo muy concreto:

los estudios de Yayo
y los de sus hermanas.

El tiempo pasó.

Yayo creció.

Hoy tiene dos hermanas que quieren ir a la universidad.
Y él quiere montar un pequeño negocio,
sacar una licencia,
ayudar en casa,
hacer que todo eso sea posible.

Y las muñecas siguen ahí.

Una.
Otra.
Otra más.

Sosteniendo.

Pero el hilo no se quedó solo en Yayo.

Porque cuando algo funciona,
cuando realmente ayuda,
encuentra la forma de continuar.

En Etiopía, hay niñas que dejan de ir al colegio varios días al mes.

No por falta de ganas.
No por falta de capacidad.

Sino porque no tienen acceso a productos básicos durante la menstruación.

Y eso interrumpe su educación.

Así que lo que empezó con una cruz de madera
y una conversación en la calle

hoy también se convierte en otra cosa:

compresas que llegan a colegios
para que esas niñas puedan seguir estudiando.

No hay grandes estructuras.
No hay campañas masivas.

Pero ocurre.

Una muñeca puede parecer poca cosa.

Pero cuando paga unos estudios,
cuando evita que una niña deje de ir al colegio,

deja de serlo.

Soñando Muñecas se constituyó oficialmente en 2022.

Pero en realidad, todo empezó mucho antes.

Con un chico esperando para enseñar sus zapatillas.

Y con alguien que decidió no mirar hacia otro lado.

Y desde entonces,
el hilo sigue avanzando.

Instagram: @sonandomunecas

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