Estoy todos los días haciendo crochet.
Mi vida gira en torno a sentarme y tejer.
Siempre he sido apasionada de las labores. Supongo que viene de lejos. De una abuela que era una máquina haciendo crochet y ganchillo. Lo llevaba en las manos… y quizá también en los genes.
A lo largo de mi vida he hecho de todo: punto de cruz, dos agujas, patchwork. Muchas técnicas, muchas horas.
Además soy artista plástica. Estudié Bellas Artes y soy profesora de diseño, así que lo creativo siempre ha estado presente en mi vida. Siempre me he ido metiendo en pequeñas cosas hechas con las manos.
Pero ahora he descubierto los granny de las mantitas de crochet.
Y me he dado cuenta de algo: al final, todo gira alrededor de eso.
El crochet se ha convertido en el centro.
En el punto neurálgico desde el que se ordena todo lo demás.
Ahí encuentro la paz.
La soledad.
Mi individualidad.
El pensamiento tranquilo.
Es como un depósito donde soltar.
Cuando tejo, no pienso. O pienso de otra manera.
Mi lugar de desconexión está ahí.
En el crochet.
Tejer, para mí, es una forma de soltar.
Cada hebra que se desliza entre los dedos va liberando pensamientos. No de golpe, sino poco a poco, al ritmo silencioso de las manos.
En ese vaivén se va creando algo más que una trama.
Un refugio.
A veces esa energía se convierte en abrigo.
No solo para el cuerpo, sino también para el corazón.
Me parece algo muy bonito: hacer algo con tus propias manos, ver que toma forma, que tiene un resultado real… y que, además, te ayude a liberar por dentro.
Eso, para mí, es profundamente enriquecedor.
Norma Coma Alemán
Instagram: @artistadas_by_norma_coma
